Paleontología
Historias de Mastodontes, Mamuts, Caballos y Cabras.- En Maltrata han sido localizados los restos de unas 4 especies de fauna prehistórica: en 1999, algunos especialistas documentaron la existencia del molar de un mastodonte, localizado en el cerro Zacatonal. Poco después, en abril del 2001, los restos de un mamut, una especie de caballo y los de una cabra, fueron hallados durante un recorrido de superficie realizado por antropólogos, en la Barranca del Infiernillo, actualmente llamada Apiaxco, al sur del Municipio.
Debajo de los restos del mamut se encontraron huesos fosilizados de 2 molares, al parecer de un équido, y una extremidad delantera de una especie de cabra. Dichos restos estaban en mal estado de conservación.
En 1959 fue desenterrado en Tlilapan un molar de dos kilos perteneciente a un mamut. Más recientemente, en el año 2003, las defensas de un gonfoterio fueron descubiertas en el Municipio de Ixtaczoquitlán.
Con el descubrimiento in situ de fauna Pleistocénica en Maltrata podemos suponer que existieron condiciones para la presencia humana en el valle con una antigüedad de diez mil a trece mil años, como se ha evidenciado en varios sitios del altiplano mexicano.
Breve Cátedra Acerca de Mammuthus columbi.- Los mamuts evolucionaron de animales que vivieron en el continente africano hace unos 5 millones de años, desde antes del Plioceno, pero no colonizaron América sino hasta el Pleistoceno, cuando un tercio del hemisferio norte se cubrió con un enorme casquete de hielo, pues la temperatura bajó alrededor de 25 grados centígrados y el nivel del mar descendió casi 30 metros. Los antecesores de los mamuts se desplazaron desde Africa hacia Europa, Asia y América, esto es, llegaron a colonizar casi todo el globo terráqueo.
Las defensas de los mamuts, al igual que las de los elefantes, se conocen comúnmente como “colmillos”, pero en realidad son los incisivos superiores muy desarrollados, los cuales les servían para defenderse. Por su semejanza con los elefantes actuales, se supone que su vista no era muy aguda, pero debieron tener un olfato excelente que les indicaba la proximidad de la comida o del peligro, ante el cual se reagrupaban para defenderse, y en especial para proteger a sus crías, como hacen las especies actuales.
El hallazgo de muchos mamuts congelados ha permitido a los paleontólogos acceder a una información privilegiada sobre su anatomía, hábitos, origen y evolución. Los restos de comida rescatados de su estómago revelan que se nutrían de plantas como el abedul enano, diversas gramíneas (pastos), agujas de pino, piñas de estos árboles, hojas de sauce y otras plantas propias de los climas fríos y templados que eran sus platos favoritos.
Estos grandes animales fueron cazados por el hombre de Cro–Magnon quien pintó su silueta en las paredes de numerosas cavernas de Francia y España. La caza del mamut se realizaba conduciendo las manadas a sitios donde podían matarlos fácilmente; como son las zonas pantanosas y los bordes de las barrancas, es decir, los empantanaban o desbarrancaban. Y aunque esta gente prefería dar caza a renos, ciervos, uros caballos y rebecos (especie de antílope), no despreciaban la carne y médula ósea de estos colosos, los cuales eran aprovechados casi en su totalidad: los huesos les servían para hacer agujas, puntas de lanzas, puñales, lámparas que llenaban con su grasa; la piel para hacer abrigos y cuerdas, los huesos grandes y costillas para hacer refugios, etcétera. En fin, desarrollaron toda una cultura alrededor de estos animales.
Los mamuts desaparecieron a fines del Pleistoceno (hará unos diez mil a quince mil años) del paisaje Euroasiático. Los científicos aún desconocen las causas que provocaron su extinción; pero suponen que una de ellas, tal vez la más significativa, debió ser el profundo cambio climático que sufrió el planeta en el Holoceno (último periodo del Cuaternario), pues el clima se hizo más cálido y los casquetes se retiraron, por lo que se piensa que los animales no pudieron adaptarse a la nueva situación.
El paleontólogo estadounidense Jim Mead afirma que los pobres animales se vieron faltos de comida y espermatozoides (células reproductoras masculinas). Desde hace tiempo, se sabe que un brusco aumento de la temperatura puede acarrear trastornos en la fertilidad. El especialista en mamuts Wladimir Ypsilon, de San Petersburgo, agrega que el hombre primitivo les asestó el golpe de gracia, ya que eran los más diestros cazadores de piezas grandes de todos los tiempos.
Sin embargo, en la Isla Wrangel, en el norte de Siberia, sobrevivieron mamuts enanos con un tamaño parecido al de un caballo, hasta hace apenas tres mil ochocientos años, cuando se extinguieron, después de que los egipcios construyeran sus grandes pirámides.
Los mamuts, como ya se dijo, al igual que el hombre, no fueron originarios de América; se cree que los primeros pasaron a nuestro continente hará aproximadamente un millón y medio de años. Penetraron al continente americano en dos ocasiones: a principios del Pleistoceno lo hizo el Mammuthus meridionalis, del que ya en América se derivaron otras especies, que son las que se mantuvieron hasta principios del Holoceno (como M. Columbi, al que anteriormente se conocía como M. Imperator y M. Jeffersoni). Posteriormente, en el Pleistoceno superior (entre treinta mil a veinte mil años), pasó de Asia a América el mamut lanudo (Mammuthus primigenius), posiblemente junto con el hombre, ya que es el mismo que aparece representado en el arte del Paleolítico superior europeo. Los mamuts, al parecer, no llegaron a extenderse a Sudamérica, aunque hay un ejemplar identificado también como Mammuthus columbi, que quizá provenga de Cayena, en la Guayana Francesa.
Por lo que respecta a México, otros restos de M. columbi se han localizado en San Luis Potosí, Tamaulipas, D.F., estado de México, Puebla, Chiapas y Yucatán.
Algunos investigadores nos dicen que en nuestro país los mamuts fueron cazados hasta el momento en que se extinguieron, lo cual ocurrió hacia los once mil años antes del presente; sin embargo, en algunas regiones más favorables parecen haber persistido durante unos dos o tres milenios más, como pudo ser en la cuenca de México y los valles de Puebla.
La importancia de descubrir restos de mamuts, para la arqueología y la antropología física, estriba en que se pueden encontrar, junto con sus restos fosilizados, evidencias de presencia humana, sean estas culturales (puntas de proyectil, navajas, cuchillos, navajas de obsidiana, utensilios de pedernal, e incluso huesos de éste y otros animales trabajados), o los propios restos óseos del hombre.


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